Llego dando los buenos día a los policías, les sonrío y ellos me dicen que tenga bonito día señorita. Subo las escaleras porque aprendimos que es mejor así por la fila infinita en los elevadores y porque al fin son sólo cinco pisos. Entro dando los buenos días a las recepcionistas, mis compañeros y colegas si ya llegaron, mi jefe que está escuchando jazz o algo así en su oficina porque llegó desde las cinco y media y ya está cansado. Me siento en una oficina que comparto con mis compañeros con quienes también compartí mesas en la universidad y es una sensación extraña, como una versión distinta de la vida diaria de hace años pero no tantos. Hablamos y nos carcajeamos y luego llegan más y decimos qué clase de sala de estudiantes es ésta.
A veces los días son iguales y lentos, de trabajo constante y planeación que no es urgente; en otras ocasiones surgen los bomberazos y andamos en chinga, entretenidos y divertidísimos y emocionados como si estuviéramos a prueba y el objetivo fuera ganar un juego que nadie tiene muy claro. Armar todo antes del día siguiente muy temprano en la mañana o armar todo y que alguien diga sí, justo eso, hay que hacerlo todo, o armar todo por el simple placer de ingeniártelas.
Antes escribíamos y trazábamos en el pizarrón para entender la Revolución iraní y ahora lo hacemos en palabras que hasta hace poco me resultaban ininteligibles. Se amplía mi vocabulario, hablo con seguridad expresiones que son imprescindibles para que el otro entienda qué quiero decir, en lenguaje técnico creo: la flota, el parque vehicular, las características físico mecánicas la movilidad el derecho a la ciudad los lineamientos de operación los hechos de tránsito el carril exclusivo el reglamento provisional los acuerdos mínimos las mesas de trabajo las rutas las concesiones. Hablo ya sin conciencia y a veces pienso cuál era mi vocabulario anterior: dependencia interdependencia democracia autoritarismo capitalismo Chiang-Kai-shek izquierda derecha la crisis la fragmentación del sistema de partidos la Guerra del Golfo y el intervencionismo y las potencias y el Estado. El campo semántico me arrulla porque aquí vivimos en colectivo un sentido limitado, una comprensión mutua de todo que es demasiado y abrumador entonces hay que ponerle un círculo alrededor.
Recojo palabras subyacentes que no estaban en las teorías ni en las lecturas y dijimos tanto tan seguido: los seminarios las clases la biblioteca la cafetería y la sobremesa la lectura imprimir la lectura pasar todo el día en el Colegio levantar la mano y preguntar y que el profesor te pregunte y no saber y qué vergüenza y hablarle de usted a todos y saberme insignificante porque estoy aprendiendo y hay que ser humilde y reconocer que no sé. Y luego pasar todo el día en la oficina ahí te toman un poco más en serio porque vienes de un lugar donde se supone que las cosas se hacen bien, que te hicieron bien a ti o que todas las horas en la silla carmesí te nombran suficiente o digna de hablar y que te escuchen. Porque algo debe significar ese nombre y que esté en tu cv.