Friday, 13 March 2020

Julio César González Moreno


¿Qué busco, para qué escribo todo esto? Ésta es una reflexión a casi un año. Ésta es mi denuncia, Julio. Es para ti, porque sólo tú y yo sabemos qué pasó, cómo fuimos el uno con el otro. Haz con ella lo que desees: ignórala, ríete, habla de cómo estoy ardida o no sé. Léela con seriedad, como una carta de alguien que te conoció bastante bien. Hay personas que te quieren y por eso me vilifican y no me han dado la voluntad de la escucha. Aquí tienen toda la información que no han aceptado. 

Julio, durante meses escuché tu insulto en los momentos más inesperados: 

chinga tu madre, puta
chinga tu madre, puta
chinga tu madre, puta
chinga tu madre, puta
chinga tu madre, puta

esperando el metrobús, cocinando, corriendo, en el trabajo. A veces sólo me despertaba pensando en eso, obsesiva, hasta que me obligué a ir a terapia y me dijeron que tenía que medicarme por estrés postraumático. ¿Ya te habían degradado mientras tenías relaciones sexuales? No, nunca me habían insultado; y todavía a la mañana siguiente le dije que tenía que comer algo porque estaba crudísimo y me vio con ternura como diciendo “Esta morra sí perdona absolutamente todo” y fuimos a un pinche Toks. Cómo odio el recuerdo de esa mirada cargada de condescendencia, de saberme sometida.

El segundo pensamiento que reconocí fue cómo contaba los meses que habían pasado desde ese horrible día de mayo: junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, nueve meses, casi un año ya. Como para asegurarme de que no soy la misma persona y ya no duele igual. Todo eso ya no está pasando, pasó. Hace un par de meses aluciné tu voz y vi la silueta de un hombre en mi habitación; se me encogió el corazón. ¡Llegó la pinche policía! Así de segura estaba de que alguien quería hacerme daño. Llegaron y me pidieron pasar y entraron y despertaron a mis roomies para saber si de verdad no había ninguna amenaza. Creo que necesitas volver a terapia, me dijo mi amigo.  

En mis pesadillas siempre te grito, enfurecida. Te grito mucho. He concluido que lo hago porque es un intento por recobrar un poco de dignidad. Contigo viví la degradación en dos sentidos: me hiciste minúscula y lo hiciste poco a poco.

No fuiste una buena persona ni siquiera cuando todo terminó. Asumiste una posición horrible, intimidante y abusiva, y yo me ausenté de espacios que también eran míos para evitarte. Algunas personas notaron tu actitud y me lo dijeron, preocupadas; otras prefirieron hacerse pendejas. No es para tanto, dice tu amigo que no tiene ni idea de qué chingados siento cuando me salgo de La Faena. Él qué va a saber que no puedo compartir nada contigo porque me aprieta el pecho y me tiemblan las manos. Huyo porque me afecta verte y luego tengo pesadillas. Te vi hace semanas en El Péndulo y estuve a punto de acercarme para decirle todo esto a la morra con la que ibas, ¿sabes? Tenía toda la intención de hacerlo. Empecé a moverme sin darme cuenta y entré detrás de ustedes, pero ya no los vi. Quería decirle: me da miedo el bulto en que yo me convertí con él, lo costoso que fue su paso por mi vida. 

La verdad es que hay hombres que han hecho menos que tú y están en tendederos de denuncia. El día que te grité, después de que me insultaste, salió toda la ira ahogada de cómo me habías tratado por meses: de cuando te acercabas y me decías que estabas harto y hasta la madre de mí, o te inclinabas y me gritabas al oído, o me empujabas hasta que yo te empujé de vuelta, o me acusabas de coquetear y hacías más escenas de celos, o me hacías sentir mal por no darte cosas que tú nunca me ibas a dar, o me mentías, o a veces me preferías y a veces no, o te ibas. Toda esa violencia, esa posesión. Ese día de diciembre que “cogiste conmigo” y no te diste cuenta de que yo estaba dormida de lo borracha que estaba, mi cara boca abajo contra la almohada y tú todavía intentando cogerme. ¿Violarme? No podría decir eso, me da miedo, suena fuerte y culero y en ese momento eras tú y era yo y no. Pero hablé contigo después, ¿lo recuerdas? Te dije que ese día estaba demasiado peda y quedándome dormida y que no había estado chido; que yo ni siquiera me estaba moviendo. Te disculpaste y yo lo dejé pasar por idiota, porque te amaba. 

Me decías que querías tener mis bebés, que me amabas, que querías irte conmigo a hacer el posgrado, que… Y luego me gritabas encabronado: “Te amo y sólo puede ser a escondidas, no tengo nada más que ofrecerte, entiende” y me hacías polvo. ¿Te sorprende que te amenazara con contarle todo a X porque te negabas a hablar conmigo cuando yo estaba ya vuelta loca? ¿Que me besara con otra persona en un intento por ejercer mi libre voluntad, porque de otro modo me admitía una cosa tuya (y así me comporté por mucho tiempo)? ¿Que viera tu celular porque a las personas les decías pestes de mí, mientras a mí me decías cosas de enamorados? (Y decías: no debería importarte lo que le diga a los demás de ti, así como a mí no me importa. Lo que nos digamos es lo importante). Pero no, Julio. Mis amistades recabaron mis testimonios por meses, sabían qué estaba pasando y cómo sufría. Y hablar contigo me hacía abandonar mis defensas, porque rápido te perdonaba. 

¿Te sorprende que empezara a odiarte después de que me maltrataras por tanto tiempo? Un día te pregunté si a X también la habías empujado. Me dijiste, muy serio, que no, nunca. Entendí: entonces es otro castigo para mí por acceder a una relación que tú buscaste. Es un castigo por puta. 

Y concluyo: sigo soñando que te grito porque ésa fue la única vez que realmente me defendí de ti. Quiero recordarme gritándote, defendiéndome. 

Nadie supo actuar, nadie supo qué hacer conmigo ni durante ni después. Me salí abruptamente de mi hogar porque ya no soportaba un día más de tu presencia y porque tenía muy claro que me ardía todo y que estaba a punto de hundirme. Bandera roja. Dejé el departamento y volví porque estaba involucrada emocionalmente contigo, dependía de ti y de lo que hicieras (aunque eso fuera hacerme daño). Bandera roja. Me aislé de mis espacios del Colegio porque me juzgaban por reconocerte violento y seguir contigo. Bandera roja. Mis padres, desarmados. Mis amigos, desarmados. Wey, ¿por qué dices que te trata culero y luego llegas a casa de Y con él? Aprendí que nadie está listo para acompañar a las víctimas; no estamos preparados, no sabemos qué hacer. Yo ni siquiera fui capaz de decirte adiós. Fuiste tú quien terminó todo, y no sabes cómo te lo agradezco. 

Todavía me privo de ciertos lugares porque tú estás ahí. Y claramente a ti nunca te ha dolido así mi presencia; te expandes y lo abarcas todo sólo porque puedes. ¿Qué lugar ocupamos hoy, quién se mueve de qué forma? Ahí se lee toda nuestra historia. 

Ahora que mi amor se apagó y somos dos desconocidos, mis recuerdos quedan impregnados de toda esta mierda. Hay días, como hoy, en que no duermo y vuelvo a pensar en todo, buscando dónde me perdí a mí misma, todos los errores que cometí, mi agencia y mi responsabilidad. Todavía me es rarísimo conciliar esos últimos meses con la amistad que tuvimos. Muy a mi pesar, todavía separo líneas de tiempo, como si mi amigo y esta persona fueran distintos. Mi amigo me amaba, era honesto y sensible, me escribía todos los días, me pasaba poemas y se reía conmigo. Mi amigo dejó de hablarle a Z porque me acosó en una fiesta. Esta persona comenzó a odiarme y actuar en consecuencia, moviéndose a la ofensiva y con tanto egoísmo. Yo amé a los dos. ¡Todavía insisto que me amaste! Porque me convenciste, me mirabas y me besabas como si me amaras. ¿Pero cuántos hombres dicen que aman (y genuinamente lo creen) y luego van y matan? ¿Cómo entiendes tú el amor? Quién sabe.  

No creo que sea una mala persona, digo, y respiro porque pienso 2016, 2017, 2018, chance puede y quiere cambiar, aunque conmigo nunca se disculpó como yo quisiera. Chance puede cambiar aunque para mí “doloroso” ahora tiene otro sabor, como de ampolla. Doloroso palpita y no es una herida abierta, pero el menor roce resulta amenazador. 

Escribir esta denuncia significó, para mí, elegir entre el recuerdo de dos personas. Quizá por eso tardé tanto en escribirla.